Entrevista a Humberto Maturana (parte 1)

Aquí una entrevista a H. Maturana por Cristian Warken en "La belleza del Pensar"

Introducción

Quiero
empezar el programa de hoy haciendo una reivindicación: la reivindicación del
lobo. Quiero traer a colación el viejo cuento de los hermanos Grimm, que
seguramente tiene origen en algún mito mucho más antiguo: "La Caperucita Roja".
Ese cuento nos ha sido contado y transmitido de generación en generación y ha
entrado en nuestra infancia como una fuerte imagen. Hay estudios incluso de el
psicoanalista Bruno Beteleim sobre los significados implícitos (culturales,
personales y psicoanalíticos) en ese cuento. Si ustedes recuerdan la historia,
la Caperucita Roja tiene que ir a ver a su abuela que está enferma. Y la primera
advertencia que le hace la madre a esta niña, que es descrita en el cuento como
una pequeña y dulce coquetuela, es que no se distraiga en el camino con las
flores o las mariposas que hay en el bosque y que tenga cuidado con el lobo. En
este cuento, sin darnos cuenta, esta presente, quizás, uno de los conflictos más
fuertes de nuestra cultura: primero, la estigmatización del lobo, de un animal
que nunca ha atacado al hombre porque sí, sino que sólo como defensa o como
cazador de una presa que le va a dar alimento, y que, sin embargo ha sido
presentado en los cuentos como un ser malvado y perverso.
Para conversar
sobre el cuento del lobo que nos ha sido transmitido en nuestra cultura
patriarcal, estoy con Don Humberto Maturana.
Yo quiero decirle que el libro
que a mí más me toco, que, en el fondo, removió más mi certeza fue el libro
"Amor y juego, fundamentos olvidados de lo humano"; porque me hizo ver desde
otra perspectiva lo que es mi propia vida y la vida de cualquier joven,
adolescente y adulto de la sociedad
occidental.

Usted hizo un análisis muy descarnado,
muy crítico de la sociedad patriarcal ¿De dónde surgió en usted la preocupación
por este tema? Usted había trabajado en la biología, de alguna manera en la
teoría del conocimiento: ¿cómo llegó a enfrentarse al tema de la cultura
patriarcal y matrística?

De varias maneras: Por un lado, yo
he tenido desde pequeño una conexión con lo que podríamos llamar la cultura
matrística porque mi madre fue feminista, fue cofundadora del Movimiento de
Emancipación Femenina en la década del 30. Por otra parte, cuando uno lee un
poco de antropología, las múltiples diferencias culturales que hay en los
múltiples pueblos que hay en la tierra y se encuentra con culturas distintas de
la nuestra que no están centradas en la dominación, que no están centradas en el
hombre como una figura autoritaria Y, más aún, en los últimos 20, 25 o más años,
un tremendo desarrollo de la literatura feminista que, con una libertad
maravillosa, ha hurgado en todos los ámbitos usualmente considerados cerrados o
tabúes para la reflexión y que tienen que ver con el mito de origen, con el
sexo, con la discriminación de la mujer en particular. Y, por último, con el
deseo de entender el cambio cultural. Yo no sé mucho como será el caso de los
jóvenes de ahora pero yo, en mi juventud, pertenezco a un momento de la historia
en que estábamos todos preocupados por el cambio cultural. La preocupación era:
¿Cómo vamos a participar en cambiar una cultura, el mundo en que estamos
viviendo, que genera tanta miseria y tanto sufrimiento, en otro que sea más
armónico, menos negador de lo humano? Y este era un momento histórico en el cual
la Unión Soviética era, fuese uno comunista o no, la gran esperanza porque había
surgido un propósito ético. Era un intento de hacer una cultura justa, una
convivencia justa, un mundo humano, aunque había mucha oposición y habían
escritos que hablaban de su falacia, de que en verdad no era lo que
supuestamente se decía que era, o que la promesa o la intención había sido
violada. Yo viví en un espacio con la pregunta por el cambio cultural ¿Cómo
cambio la cultura? ¿Qué es lo que uno tiene que hacer? ¿Tiene que ser a través
de la guerra? ¿Acaso el cambio cultural exige la eliminación del que piense de
manera distinta?
Entonces, frente a eso, al mismo tiempo, todos nos dimos
cuenta de que 39 años de Franco en España no cambiaron España. O sea, Franco se
va y la España que aparece es, no idéntica a la que terminó con la Guerra Civil
Española, pero sí con las mismas preguntas, la misma situación, la misma actitud
frente a la vida, como si nada hubiese pasado. Pero ¿Que tiene que pasar para
que cambie una cultura?
Mucho antes todavía, cuando niño, yo recuerdo haber
leído la Biblia o "La historia Sagrada", como la llamábamos los católicos, la
historia del pueblo hebreo que va a la tierra prometida: viene Moisés y llega a
la frontera, manda exploradores y estos vuelven diciendo que es una tierra
maravillosa, donde fluyen la leche y la miel y que está poblada por gigantes
Entonces Dios indignado, los condena a vagar cuarenta años en el desierto.
Vuelven, nuevamente, exploradores y dicen que es una tierra maravillosa, donde
fluyen la leche y la miel pero está habitada por hombres normales. A mí, esa
historia me sorprendió: ¿Cómo se achicaron, si primero eran gigantes y cuarenta
años después eran hombres normales? ¿Qué pasó ahí? Esa fue una pregunta que yo
tuve desde pequeño. Y claro, lo que pasó fue, no que cambiara el tamaño de los
habitantes de. Palestina, sino que cambió la actitud vital de los hebreos. Hubo
un cambio cultural. ¿Cómo se produce el cambio cultural? Pensé que para que
hubiera cambio cultural había que estar cuarenta años en el desierto. Pero la
cosa es más compleja que eso. Eventualmente, me orienté a la pregunta por las
emociones. Y ese es el corazón de este tema, en estos momentos. (Continuará…)


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