Hafiz, El interprete de los secretos

Shams ud-Din Mohamad, Hafiz (o Hafez)  Shiraz,1320-Shiraz 1389. Poeta Persa.
 

Comparables a los hermosos alicatados de las mezquitas iraníes, los versos de Hafez están tan llenos de destellos y de movimiento que nos atrapan; ostentan un dominio técnico, una brillantez de imágenes y una melodía tales que sólo pueden ser el fruto de un creador inspirado y, ante todo, inteligente y lúdico. A través de ellos podemos detectar el goce de su autor al realizar cada una de sus piezas como un orfebre y al construir ese mundo propio singular y deslumbrante, como un mosaico formado de piezas análogas que aparecen en posiciones distintas y cambiando de contexto, de modo que el ojo no tiene reposo y es siempre atrapado por la sorpresa. Esto explica que dichos poemas no envejezcan, que a cada lectura parezcan renovados, y que estén presentes en el mundo persa actual como referencia y punto de apoyo, tanto en la vida cotidiana —pues a ellos se acude para consultar el futuro— como en la creación.

 .

No te aflijas

 No te aflijas: la belleza volverá a regocijarte con su gracia;

 La celda de la tristeza se convertirá un día

 En un jardín cercado lleno de rosas.

 No te aflijas, corazón doliente: tu mal, en bien se trocará;

 No te detengas en lo que te perturba:

 Ese espíritu trastornado conocerá de nuevo la paz.

 No te aflijas: una vez más la vida reinará en el jardín en que suspiras

 Y verás muy pronto, ¡oh, cantor de la noche!,

 Una cortina de rosas sobre tu frente.

 No te aflijas si no comprendes el misterio de la vida.

 ¡Tanta alegría se oculta tras del velo!

 No te aflijas si, por algunos instantes, las esferas estrelladas

 No giran según tus deseos, pues la rueda del tiempo

 No siempre da vueltas en el mismo sentido.

 No te aflijas si, por amor del santuario, penetras en el desierto

 Y las espinas te hieren.

 No te aflijas, alma mía, si el torrente de los días

 Convierte en ruinas tu morada mortal, pues tienes el amor

 Para salvarte de ese diluvio.

 No te aflijas si el viaje es amargo y la meta invisible.

 No hay camino que no conduzca a una meta.

 No te aflijas, Hafiz, en el rincón humilde… en que te crees pobre

 Y en el abandono de las noches oscuras,

 Te quedan aún… tu canción y tu amor.

(De “Los Gazales de Hafiz” Colección Visor de Poesía 1981. Versión de Enrique Fernández Latour.)

Persia, ese pueblo fénix, varias veces renacido de sus cenizas, ha creado una literatura que refleja fielmente los múltiples avatares y vicisitudes, las alternativas de decadencia y esplendor, de su larga historia, y mantiene siempre, en medio de todo ese cambio circunstancial de caracteres exteriores, el carácter íntimo, básico, de su psicología colectiva, de su genio racial. Ese pueblo persa, de una vitalidad extraordinaria, ha cambiado varias veces de lengua y de nombre, y hasta, aparentemente, de religión, conservando siempre vivo su sentimiento nacional, bajo todos los disfraces, y su noble carácter de pueblo ario, caballeresco y místico. También su literatura, que sucesivamente se expresa en la antigua lengua zenda —hermana del sánscrito, el armenio y los idiomas más antiguos—, en árabe, en pehlevi y, finalmente, en el persa moderno y sufre el influjo de griegos y semitas, por efectos de las conquistas de Alejandro y Omar, conserva siempre su sello distintivo, su aire noble, artistocrático, su idealismo, su heroica aspiración al triunfo de la luz, del amor y de la verdad sobre las tinieblas, del bien sobre el mal en esta dramática lucha de la existencia humana. ( Rafael Cansinos Assens)

 .

Promesa de amor

Por el encanto de tus ojos, dichosa niña; por el maravilloso vello de tus mejillas;

Por el aliento de tu boca de rubí; por tu color y tu perfume, ¡oh, bella y fascinante primavera!;

Por el polvo de tu camino; por la tierra que pisas, de la que tiene envidia el agua clara;

Por tu andar, semejante al vuelo de la perdiz montañesa; por tus miradas, más dulces que los ojos de las gacelas;

Por tu gracia refinada y por tu aliento, perfumado como la mañana; por la seducción de tus cabellos, olorosos como el viento de la tarde;

Por ese ojo de ónix, que es sello del mío; por esas joyas, que son las perlas del cofre de tu palabra;

Por esa flor de tu mejilla, ¡oh, rosa de inteligencia!; por ese jardín divino, hogar de mis sueños,

Hafiz jura, si hacia él vuelves tu mirada, que por darte contento sacrificará no sólo todos sus bienes sino también su vida.

Poco se sabe de la vida de Hafez, seudónimo que significa el que sabe de memoria el Corán, y al que también se llamó «lengua del imperceptible» e «intérprete de los secretos», pero sí que fue un hombre instruido. Contando con pocos haberes, empezó por trabajar en una panadería, y pronto su deseo de saber lo llevó a las escuelas más famosas de su ciudad natal, donde adquirió conocimientos de las ciencias musulmanas enseñadas por entonces. Fue también un experto en caligrafía y, al parecer, para su sustento, transcribía poemas de otros, lo que no le impidió desarrollar y perfeccionar su genio. Por otra parte, en ocasiones, solicitó el favor de patronos ricos, sin que eso supusiera sometimiento alguno, de modo que los tiempos de inseguridad y súbitas catástrofes en que vivió no nublaron su fama.

 

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SI POR ACASO MIS VERSOS…

Si por acaso mis versos

 os parecen desmañados,

 pensad que yo, al escribirlos,

 estaba todo borracho.

 Pero si admiráis las bellas

 imágenes de mis cantos,

 pensad que yo, al escribirlos,

 estaba todo borracho.

 También sin estar bebido,

 rimé, pero versos malos

 me salieron, por no estar,

 al escribirlos, borracho.

 ¡Y así juré no escribir

 nada, aunque me sobren ánimos

 e inspiración, sin estar

 completamente borracho!

Traducción de Rafael Cansinos-Asséns.

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